jueves, 29 de enero de 2015

El orígen de las almas

Hace mucho tiempo cuando los seres humanos no poseían más que una cara y un cuerpo, los Dioses decidieron probar con nuevos detonantes que hicieran a los humanos cada vez más activos y de esta forma lograrán encontrar un propósito en esta vida. De esta forma los Dioses podrían descansar plácidamente mientras que los seres humanos reflexionaban constantemente sobre el sentido de la vida.
Primero les introdujeron una variedad de roedores para que así fuesen un poco más productivos y supieran cómo realizar recolecciones para el invierno y no sufrir tanto de hambre como de frío. Pero tan pronto el invierno se acercaba, los Dioses se aburrieron rápidamente ya que ningún ser humano se encontraba despierto en ese momento.
    Luego intentaron con las aves, aquellos animalitos salvajes que saben mejor que nadie el significado de la libertad y de lo valioso que es cuidar de los nuestros, pero fracasaron rápidamente al ver que todos los seres humanos se encontraban constantemente triste y melancólicos por ser incapaces de volar. Al ver esto los Dioses fueron descartando poco a poco cada una de las especies animales, intentaron algunas veces con plantas e inclusive minerales, pero al ser objetos sin sentimientos o al menos corazón alguno, fueron descartados rápidamente por los Dioses.


    Cada día, la búsqueda de algo que le diera sentido a la vida de sus seres humanos, se iba volviendo más compleja y tediosa para nuestros Dioses. Los humanos simplemente no podían comprender lo que ocurría ya que no había nada que los motivará desde adentro. Un buen día, uno de los Dioses encargados de dar un par de vueltas por el mundo de los humanos en busca de algo que pudiera darle la inspiración necesaria para de esta manera logrará encontrar solución a su dilema celestial, se topó con un niño de aproximadamente 9 años.

    El chico iba descalzo caminando un tanto despistado por el camino de tierra cuando tropieza con una roca la cual le raspa la rodilla de manera que hace que tanto la sangre como parte de los tejidos musculares del chico quedarán expuestos. Al ver la escena, el Dios sintió un gran pésame por el chico, el cual no hizo ni el menor gesto de dolor o de tristeza al ver que había asustado a un lindo conejo. Momentos después de que el chico se fuera el Dios se preguntó a sí mismo sobre el sentimiento que había tenido cuando vio toda la sangre y los tejidos del niño. Tan pronto cayó en cuenta de lo que había sido, llamó urgentemente a cada uno de los Dioses celestiales a una conferencia de extrema confidencialidad.

Los Dioses se encerraron durante muchos días, puede que incluso semanas pero cuando salieron se vieron satisfechos con el resultado de tantos debates y dualidades dentro de la conferencia. Uno de ellos iba cargando a un niño de 9 años con algo distinto a lo que cualquier ser humano hubiera visto. A esto le llamaron “alma”. Era algo invisible para los ojos pero completamente visible para el corazón y para sus creadores. Así los Dioses podrían ver cómo los seres humanos iban cambiando tanto interiormente como exteriormente; el alma estaba compuesta de una gran variedad de seres vivos y sentimientos, con ello los seres humanos podrían sentir de distinta manera y así mismo elegir de cierta forma el animal con el que se encontrarán más apegados espiritualmente.
    
De esta forma tanto los Dioses como los seres humanos se encontraron satisfechos ya que ambos podían expresar su forma de ver y sentir la vida de una manera completamente distinta a la que cualquier otro hubiera sentido. Con esto los Dioses podrían distinguir a las personas buenas o malas y aquellas a las que se podría acercar más las respuestas sobre el sentido de la vida.

miércoles, 28 de enero de 2015

Bosque de Coníferas

Imagínese a usted mismo perdido en la inmensidad del bosque... Un bosque único, sin parecido alguno a la realidad. Un lugar donde sólo podrá verse a sí mismo rodeado de veranos cálidos e inviernos fríos, junto a los cedros, cipreses, abetos, sabinas, enebros, kauris, pinos, mañíos, secuoyas y tejos formando parte de todo su ser. Lo hace uno solo con todo aquello que empieza a florecer en su interior, a echar raíces desde lo más profundo de su ser para así crear un mundo inquebrantable. Donde usted ya no es parte del mundo, la obscuridad recae sobre usted y el frío le obligará a sumirse en un sueño profundo que le hará olvidarse de sí mismo.

Las horas pasan, cada segundo dentro del sueño se vuelve más envolvente, despertar se torna desgarrador al regresar a lo que era usted, para fingir aquello que ya ha olvidado gracias al nuevo mundo en el que se encuentra usted ahora mismo. 

Todo cambio, la realidad es diferente, densa, escurridiza; comete uno a uno lo errores que una y otra vez se repetían en su cabeza, usted se encuentra solitario, abandonado y rodeado de amigos al mismo tiempo, no sabe qué hacer, a dónde huir, siente que el aire que respira le ahoga y que aquello en lo que usted se sentía cómodo ahora le es traicionero.  




El tiempo se le escapa de las manos, ya no sabe sí su cuerpo sigue respondiendo a sus pensamientos o aquello que usted más desea, vive atrapado y solo cambia de jaula para sentirse tranquilo consigo mismo cuando en realidad lo único que está haciendo es cerrarse cada vez más para así no poder encontrar una salida a lo que usted llama la "zona segura". Una fortaleza que puede que para usted sea perfecta pero que en realidad sólo esta construida por sus sueños rotos, promesas sin cumplir, mentiras, tragedias, desventuras y todo aquello en lo que usted ha fracasado en la vida mientras que todo lo bueno se pierde en el laberinto del subconsciente. 




Mientras que en el calor del verano su dicha es inexplicable, no se encuentra a sí mismo y sin embargo sabe que todo está bien y que usted podrá sentirse pleno sin temor alguno a ser juzgado; un momento en el cual el bosque se ha vuelto su único refugio y es aquello en lo que usted se encuentra mejor definido, un lugar en el cual usted finalmente se siente parte de algo sin realmente estarlo. Los cedros, cipreses, abetos, sabinas, enebros, kauris, pinos, mañíos, secuoyas y tejos se encuentran rodeando todo aquello que usted construirá ahora, podrá alimentarlos de gozo, dicha, felicidad y sin embargo se sigue enfrentado a usted mismo con indiferencia, negación; con una ignorancia que hace obvio lo que usted más temía: un rencor hacía usted mismo en el cual auto-destruirse es la única solución del problema. 

Ahora imagínese a usted mismo junto a un montón de hojas, qué será lo que lo impulsa a observar cómo caen, a contar la cantidad de veces que llegan a doblegarse en el aire; como sí con esto usted pudiese verse a sí mismo reflejado en una hoja. Frágil y al mismo tiempo indiferente de lo que pasa a su alrededor, es consciente del cambio en el cual usted se ha visto involucrado, gracias a las estaciones del año, pero no podrá permitir verse a sí mismo frustrado ante las graves consecuencias como lo son los trágicos cambios invernales. Surgirán frente a usted miles de cosas ya fuesen buenas o malas, podrá verse como una hoja o podrá aceptar el cambio y recurrir a otros recursos naturales. ¿Sería usted capaz de aceptar todo como venga y ser tan liviano como el agua? ¿Serán los cambios lo bastante fuertes como para optar la posición de una roca y negarse ante cualquier circunstancia en la cual usted podría representar un cambio pese a que este podría ayudarle?