Hace mucho tiempo cuando los seres humanos no poseían más que una cara y un cuerpo, los Dioses decidieron probar con nuevos detonantes que hicieran a los humanos cada vez más activos y de esta forma lograrán encontrar un propósito en esta vida. De esta forma los Dioses podrían descansar plácidamente mientras que los seres humanos reflexionaban constantemente sobre el sentido de la vida.
Primero les introdujeron una variedad de roedores para que así fuesen un poco más productivos y supieran cómo realizar recolecciones para el invierno y no sufrir tanto de hambre como de frío. Pero tan pronto el invierno se acercaba, los Dioses se aburrieron rápidamente ya que ningún ser humano se encontraba despierto en ese momento.
Luego intentaron con las aves, aquellos animalitos salvajes que saben mejor que nadie el significado de la libertad y de lo valioso que es cuidar de los nuestros, pero fracasaron rápidamente al ver que todos los seres humanos se encontraban constantemente triste y melancólicos por ser incapaces de volar. Al ver esto los Dioses fueron descartando poco a poco cada una de las especies animales, intentaron algunas veces con plantas e inclusive minerales, pero al ser objetos sin sentimientos o al menos corazón alguno, fueron descartados rápidamente por los Dioses.
Cada día, la búsqueda de algo que le diera sentido a la vida de sus seres humanos, se iba volviendo más compleja y tediosa para nuestros Dioses. Los humanos simplemente no podían comprender lo que ocurría ya que no había nada que los motivará desde adentro. Un buen día, uno de los Dioses encargados de dar un par de vueltas por el mundo de los humanos en busca de algo que pudiera darle la inspiración necesaria para de esta manera logrará encontrar solución a su dilema celestial, se topó con un niño de aproximadamente 9 años.
El chico iba descalzo caminando un tanto despistado por el camino de tierra cuando tropieza con una roca la cual le raspa la rodilla de manera que hace que tanto la sangre como parte de los tejidos musculares del chico quedarán expuestos. Al ver la escena, el Dios sintió un gran pésame por el chico, el cual no hizo ni el menor gesto de dolor o de tristeza al ver que había asustado a un lindo conejo. Momentos después de que el chico se fuera el Dios se preguntó a sí mismo sobre el sentimiento que había tenido cuando vio toda la sangre y los tejidos del niño. Tan pronto cayó en cuenta de lo que había sido, llamó urgentemente a cada uno de los Dioses celestiales a una conferencia de extrema confidencialidad.
Los Dioses se encerraron durante muchos días, puede que incluso semanas pero cuando salieron se vieron satisfechos con el resultado de tantos debates y dualidades dentro de la conferencia. Uno de ellos iba cargando a un niño de 9 años con algo distinto a lo que cualquier ser humano hubiera visto. A esto le llamaron “alma”. Era algo invisible para los ojos pero completamente visible para el corazón y para sus creadores. Así los Dioses podrían ver cómo los seres humanos iban cambiando tanto interiormente como exteriormente; el alma estaba compuesta de una gran variedad de seres vivos y sentimientos, con ello los seres humanos podrían sentir de distinta manera y así mismo elegir de cierta forma el animal con el que se encontrarán más apegados espiritualmente.
De esta forma tanto los Dioses como los seres humanos se encontraron satisfechos ya que ambos podían expresar su forma de ver y sentir la vida de una manera completamente distinta a la que cualquier otro hubiera sentido. Con esto los Dioses podrían distinguir a las personas buenas o malas y aquellas a las que se podría acercar más las respuestas sobre el sentido de la vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario